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“Un Corazón Educado”

Amigo lector, el sacerdote de la parroquia donde asisto, nos decía que todos sin excepción debemos tener un corazón educado. Agregaba que así como nos preocupamos por educarnos para obtener diversos títulos, de igual forma debemos esforzarnos por aleccionar nuestro corazón. ¿Se puede educar un corazón? Claro que sí. ¿Cómo se educa? Teniendo a Dios como el centro del mismo.

Debemos aprender a enseñarle a nuestro corazón a tener buenos sentimientos hacia nuestros hermanos. Que aprenda que el perdón es la única forma de poder vivir en paz; instruirle que el amor es lo que nos va a dar la felicidad; guiarle para que nos inculque a respetar a nuestros hermanos en Cristo, pues eso nos garantiza que podamos vivir en plena armonía; cultivar en él la solidaridad, pues es a través de ella donde comprendemos esa máxima que dice: “quien da sin esperar nada a cambio, recibe innumerables bendiciones”. Es decir, tenemos que darle a nuestro corazón clases de verdadera educación en amor sincero, real y desinteresado.

Dejemos de preocuparnos tanto por los títulos y honores, que sí son

importantes; pero a veces en ese afán por ellos nos olvidamos de lo más prioritario: el prójimo. En la Sagrada Biblia encontramos muchos

personajes que optaron por educar su corazón al estilo de Jesús, obteniendo con ello la gran recompensa del perdón y la salvación. Uno de Ellos fue Zaqueo, jefe de los recaudadores y muy rico. Era de baja estatura y quería ver a Jesús que iba pasando, así que se subió a un árbol.

En ese momento Jesús alza la vista y le dice que bajase porque Él se iba a quedar en su casa. Zaqueo se comprometió a dar la mitad de sus bienes a los pobres; y devolver el cuádruple si hubiese defraudado a alguien. Su corazón estaba verdaderamente inspirado y él lo educó en el arrepentimiento y con ello llegó la salvación a esa casa.

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