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Un legado que sigue sirviendo a los pobres más pobres…

Un legado que sigue sirviendo a los pobres más pobres…

A casi cinco décadas de la llegada de las Misioneras de la Caridad a Panamá, el Hogar San José, ubicado en El Valle de San Isidro, mantiene viva la espiritualidad de santa Teresa de Calcuta, basada en reconocer a Cristo en los más vulnerables y servirles con amor.

 

Karla Díaz 

 

“No es simplemente un trabajo social, es atender a Jesús mismo”. Con esta convicción, la hermana María Luisa explica el espíritu que anima a las Misioneras de la Caridad que sirven en el Hogar San José, una obra que mantiene en Panamá el legado de santa Teresa de Calcuta.

La presencia de la congregación en el país se remonta a 1978, cuando la Madre Teresa visitó Panamá y, según testimonios históricos, identificó la necesidad de establecer una obra para atender a personas en situación de pobreza y abandono. El Hogar San José fue creado para brindar atención a personas con discapacidad severa y sin familia, desde niños hasta adultos mayores.

 

Es una de las obras de misericordia de la Arquidiócesis y, durante el Jubileo 2025, fue lugar de fe y servicio.

 

Hoy, esa misión continúa. La hermana María Luisa, superiora del hogar desde hace dos años, explica que allí viven niños y jóvenes con discapacidades severas, algunos de los cuales llegaron siendo pequeños y han crecido bajo el cuidado de las religiosas. También existe una sección para adultos, incluidos antiguos residentes que, al alcanzar la mayoría de edad, requieren continuar recibiendo atención.

La casa se ha convertido en una familia para quienes, muchas veces, han perdido el contacto con la suya. “La familia se hace entre nosotros”, expresa la religiosa, convencida de que cada persona merece ser recibida con dignidad, independientemente de su historia.

Actualmente, ocho religiosas sostienen la misión en Panamá. Su trabajo cotidiano incluye alimentación, higiene, acompañamiento, atención espiritual y traslados médicos. La congregación procura vivir de la Divina Providencia, contando también con la generosidad de personas que colaboran con el hogar. La propia congregación destaca que su misión es servir a los hambrientos, enfermos, abandonados y personas sin hogar, reconociendo a Cristo en cada persona.

Para la hermana María Luisa, el carisma recibido de la Madre Teresa se resume en una pregunta: ¿cuál es la sed de Jesús en este lugar? De allí nace una caridad que no se limita a entregar ayuda material, sino que busca ofrecer presencia, respeto y amor.