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Una fiesta de Navidad Sin Fronteras

organizada por la Pastoral de Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Panamá, el domingo 15 de de diciembre en los predios

del Hogar Luisa, ubicado en la calle 92 de Parque Lefevre. Jorge Ayala, director de esta pastoral dedicada a dar acompañamiento integral a refugiados y migrantes, informa que gracias al apoyo de varias personas e instituciones contarán con presentaciones artísticas, talleres y recreación para niños, comidas internacionales, música, baile, orientación legal para migrantes y refugiados.

“Hemos venido acompañando a un grupo de emprendedores solicitantes de asilo, refugiados y migrantes que se dedican a la artesanía, orfebrería o trabajos con productos reciclables, como una alternativa de generación de ingresos dado que la mayoría, al ser solicitantes del reconocimiento de su condición de refugiados, la Ley no les otorga un permiso de trabajo durante el tiempo que demora el proceso.

Muchos de ellos tienen esperando entre 18 y 60 meses” señala Ayala.

Acoger, proteger, promover e integrar.

Accionando los cuatro verbos que propone el Papa Francisco, la pastoral de Movilidad Humana ha venido identificado “espacios seguros” donde este grupo de emprendedores puedan ofrecer sus productos a la feligresía que sale de las eucaristías o en las ferias patronales. 

“Gracias al apoyo de varios párrocos realizamos este pequeño acto de caridad que representa, para algunos de estos emprendedores, la única entrada económica semanal que tienen para sostener a su familia” afirmó.

Migración con dignidad.

El próximo 18 de diciembre se conmemora el Día Internacional del Migrante, promovido por las Naciones Unidas, quienes nos recuerdan que sólo en el año 2018, cerca de 3400 personas migrantes y refugiados perdieron sus vidas en todo el mundo. Por ese motivo, el tema de este año es “Migración con dignidad”.

Vidalina Santos, trabajadora social del Hogar Luisa manifiesta que cuando se habla de migrantes y refugiados, no se puede hablar de números ni de casos, sino de seres humanos, padres, madres, esposos, hijos e hijas que sufren el desarraigo, la soledad y la indiferencia, la cual se convierte en la frontera más difícil de atravesar.

Por esta razón la Arquidiócesis de Panamá ha dispuesto el Hogar

Luisa para recibir a estos hermanos. “Se les ofrece asistencia humanitaria básica, orientación psicosocial, asistencia jurídica, albergue temporal, pero lo más importante, el acompañamiento pastoral y social que se les brinda durante su proceso de integración en las nuevas comunidades de vida y de fe” reiteró la trabajadora social.

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