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Diaconado Permanente en Panamá: futuro, espiritualidad y servicio

“La mirada está enfocada en fortalecer la formación humana, teológica, pastoral y espiritual; crear los espacios para el seguimiento de los diáconos y aspirantes”, precisó el arzobispo José Domingo Ulloa.

Diácono Eduardo Mendoza

El diaconado permanente tiene, en la iglesia de Panamá, más de 44 años desde la escogencia del primer equipo de formación diaconal y la preparación y ordenación de los siete primeros ministros, realizada un domingo 19 de junio de 1977.

El arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, aseguró que la presencia del diaconado permanente seguirá patente en la Iglesia Católica Panameña y que para ello ha decidido fortalecer el equipo de formación y seguimiento de este ministerio eclesial.

“La mirada está enfocada en fortalecer la formación humana, teológica, pastoral y espiritual; crear los espacios para el seguimiento de los diáconos y aspirantes, quienes deben compenetrarse más con la misión de la caridad a los más necesitados, es decir enviarlos donde se necesiten, por ejemplo, a Cáritas, a las visitas a las cárceles, hospitales y en la presencia de muchas parroquias de la Arquidiócesis”, resaltó Ulloa.

El nuevo equipo está integrado por los sacerdotes Marlo Verar, Santiago Benítez, Mirope Polanco y Luis Núñez y siete diáconos permanentes, entre ellos: Carlos Icaza, César Manzanares, Jesús García, Abel Ceballos, Cristian Navarro, Gilberto Tapia y Eduardo Mendoza.

Para el Padre, Mirope Polanco, la mirada debe estar enfocada en la preparación de los formadores del diaconado permanente y en la experiencia que se les pueda dar al principio a los Aspirantes, sobre los diferentes servicios y opciones que pueden dar como laicos a la iglesia.

Este nuevo equipo elaboró un informe histórico y completo sobre el estatus del diaconado permanente hasta la fecha. “Este es un informe actualizado que recoge el número de ordenación, cantidad de diáconos ordenados, número de diáconos jubilados, diáconos viudos, las viudas de los ministros, las asignaciones y los lugares de residencias de los diáconos”, explicó el diácono Jesús García.

En el transcurso de los años, la oficina del Diaconado Permanente en Panamá mantiene en sus registros la ordenación de 117 diáconos permanentes, realizada en 26 celebraciones litúrgicas, precisó el diácono García.

Actualmente, la Arquidiócesis de Panamá cuenta con 59 diáconos activos, asignados en 49 parroquias, Centros Carcelarios, Cáritas y Asociaciones de nuestra iglesia y dos diáconos con licencia temporal. Entre activos, jubilados y en licencias, el número de diáconos totalizan 83.

Las estadísticas indican que hay 22 diáconos que sobrepasan los 75 años, por lo que deberán acogerse a la jubilación. “Esto no supone su retiro, sino una liberalización de sus actividades, según el estado de salud”, explica el Diácono García.

También,  24 diáconos han partido a la Casa del Padre, después de muchos años de servicio, a los que la Iglesia les agradece y ora por ellos y sus familiares.  Igualmente brinda  compañía a 19 viudas. Según el informe de Diaconado Permanente,  nueve diáconos han abandonado el servicio por diversas circunstancias y no ejercen el ministerio diaconal.

Para este año 2021, hay tres diáconos que sobrepasan los 40 años de servicio, diez de 30 a 39, quince de 20-29, nueve de 10 a 19 y 44 con menos de 10 años de servicio.

Las edades de los diáconos activos y jubilados oscilan entre los 45 a 94 años. Dentro de este rango de edad, los diáconos activos, en su mayoría, están entre los 45 a 71 años.

Ante esta realidad, Monseñor Ulloa propone para el Diaconado Permanente aumentar a 2 años la etapa de propedéutico, establecer la edad de admisión de 40 a 50 años, entre los requisitos. Además de fortalecer la formación en Teología Diaconal, Espiritualidad del Diaconado y la Formación Pedagógica del Diaconado.

Los equipos de formación diaconal en la historia

Según el Diácono Jesús García, en estas cinco décadas, la formación y seguimiento del diaconado permanente ha tenido varios responsables, entre ellos: en su inicio, en San Miguelito, el Padre Leo Mahon (q. e. p. d.), y le siguieron en el fortalecimiento de la formación diaconal, el Padre Julio Jiménez (q. e. p. d.) y la profesora María Adela González.

Igualmente, la hermana Jennifer McDonald le dio un gran impulso al diaconado, quien inició la formación en la USMA; el Padre Cristóbal Kane añade un año de discernimiento para entrar al programa; Monseñor Fernando Torres (q. e. p. d.) se convirtió en un buen acompañante de los equipos diaconales, cuenta García.

El diácono Juan Arcia continúo la gestión de formación y luego siguió al propio Monseñor Ulloa, cuando fue obispo auxiliar, y se sumó el trabajo del diácono Víctor Berrio, durante su periodo, luego siguió la gestión del Padre Marlo Verar quien dio continuidad al seguimiento pastoral y espiritual de los diáconos y aspirantes al diaconado permanente. “El Padre Verar se convirtió en un acompañante y amigo de la vida diaconal”, resaltó el diácono García.

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