Inicio

Pastoral indígena reflexiona sobre el cuidado de la casa común

Nuestro país cuenta con la diversidad cultural de siete pueblos indígenas: los  Ngäbe  Buglé, Guna, Emberá,Wounaan, Bri bri, y los Naso Tjërdi, que representan antiquísimas tradiciones y son referentes culturales.

Yoel E. González N.

La semana de Pastoral Indígena, celebrada del 9 al 15 de agosto, fue el punto de encuentro de representantes de los siete pueblos originarios presentes en Panamá, donde se reflexionó y analizó la situación del cuidado de la casa común y las principales acciones que son requeridas para promover un cambio social.

EQUIDAD. Monseñor Ulloa compartió con los representantes de grupos indígenas en la misa dominical.

Situación actual

Aunque los pueblos indígenas conformen solamente el 5% de la población humana, en sus territorios soportan cerca del 80% de la biodiversidad mundial. Esa realidad muestra que los pueblos indígenas han logrado modos de vida en armonía con la Madre Tierra, que entienden que nosotros somos parte de una “red de vida”.

Rafel Mitre /Ngäbe Buglé
Es necesario asumir todo lo reflexionado en esta jornada, mirar alrededor y lo que es preciso cambiar, que ese cambio empiece por nosotros mismos, como pueblos originarios debemos caminar juntos.

Según el padre José Fitzgerald, coordinador de la Pastoral Indígena, expresó que existen grandes amenazas a la vida y biodiversidad en nuestras zonas panameñas, como los mega proyectos, las represas y la minería a cielo abierto. Aunque existe una ley especial que prohíbe la minería en la Comarca Ngäbe-Bugle, tristemente, sigue la presión política, empresarial y del lobby minero a dar paso a estos proyectos que no prometen más que la completa ruina de los ríos y bosques, y la destrucción de la cultura de los pueblos.

“En Panamá han sucedido y están sucediendo cosas increíbles de engaños, robos, abusos, que siguen quedando en la impunidad. No sólo encontramos estos vicios en la Asamblea sino también -como dice el Papa- en las iglesias, empresas, entre nosotros mismos”, afirmó Fitzgerald.

El sacerdote comentó que “El “juega vivo”, el “qué hay pa mí” salta por todos lados, a todos los niveles. Por eso, todos somos responsables, nos toca decir y hacer algo. Tenemos que mirar a nuestro alrededor y ver qué tenemos que cambiar, qué podemos cambiar de verdad, empezando por nosotros mismos”.

Además informó el coordinador de la Pastoral Indígena que, precisamente durante la semana de Pastoral Indígena se evaluaron aspectos de esa democracia que estamos construyendo y de esa corrupción a la cual ayudamos a aumentar. “Trabajar por la defensa de la casa común es trabajar por una verdadera democracia. Luchar por no destruir Matusagaratí, por limpiar los ríos, por no destruir los manglares, por impedir la minería, es luchar por un mejor país”, agregó.

Briseida / Guna
Desde la creacion del mundo, Dios nos ha dado esta tierra hermosa llena vida, en los tiempos remotos de la civilizacion de los seres vivientes de este universo de la madre tierra.

Aseguró que nada de esto podemos hacerlo por separado, solos, en grupitos. Prosiguió: “Tenemos que caminar juntos, aportar todos, con fuerza y eficiencia, como en los bailes, para que logremos forjar una mejor vida. Cada uno tendrá que ver qué aporta, pero haciéndolo en coordinación con los demás. No podemos tocar la maraca, por un lado, cantar por otro, ensuciar los ríos por otro lado. Seremos pésimos hijos de la Madre Tierra si no luchamos por mantenerla verde, con el agua limpia, con una buena e inteligente producción”, concluyó.

Reflexiones

El Papa Francisco, en su discurso en el tercer Encuentro de Movimientos Populares (051116), expresó que las organizaciones de los excluidos están llamados a revitalizar, a refundar las democracias que pasan por una verdadera crisis, la corrupción no es un vicio exclusivo de la política. Hay corrupción también en las empresas, en los medios, en las iglesias y en las organizaciones.

En la eucaristía dominical, celebrada el pasado 15 de agosto, en la festividad de la Asunción de María, Monseñor José Domingo Ulloa, Arzobispo de Panamá, compartió en presencia de los hermanos de los pueblos originarios Gnöbe, Emberá, Wounnan, Nazo Tjer Dí y Gunas. El momento sirvió de marco para reconocer el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, celebrado el pasado 9 de agosto.

“Quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia”, (Papa Francisco, Fratelli tutti, 241).

Para Monseñor Ulloa, en este tiempo es oportuno como iglesia acompañar a nuestros pueblos originarios en su justas activaciones, este tiempo nos ayuda a redescubrirnos sacerdotes, religiosas, diáconos, laicos, lo mucho que podemos aprender de nuestros pueblos originarios, salir al encuentro de nuestros hermanos indígenas nos permitirá conocer sus valores culturales y espirituales y desde ahí poder anunciarles el reino de Dios, respetando sus tradiciones y sus lenguajes.

El obispo enfatizó sobre la importancia sobre la discriminación, racismo, irrespeto a los Derechos Humanos y otros males que aquejan a los pueblos originarios y merecen la atención y conciencia cristiana de nuestra sociedad.

La Pastoral Indígena, indicó Monseñor Ulloa, tiene un gran reto de seguir trabajando a favor de los pueblos originarios de Panamá y seguir visibilizando sus necesidades, sus aspiraciones, sus sueños, metas e ideales.

TRADICIÓN. Los pueblos originarios atesoran mucha historia cultural, y han preservado su forma de vida.

Testimonios

Briseida Iglesias pertenece a la comunidad de Ustupu, ella es indígena Guna y en su parecer, desde la creacion del mundo, Dios nos ha dado esta tierra hermosa,  llena de vida, en los tiempos remotos de la civilizacion de los seres vivientes de este universo de la madre tierra, los individuos han destruido su propia casa común por el egoísmo y la incapacidad de mantenerla.

Jeroncio Osorio también integra la Pastoral Indígena, para su concepto “este tema del cuidado de la casa común es importante y así debe ser para todos, dada la responsabilidad que tenemos en este mundo en el que vivimos. Es importante concientizar a los líderes, dirigentes a los hermanos y hermanas, sobre la importancia de evitar la minería descontrolada, la tala de árboles que afecta a toda la naturaleza”.

Jeroncio Osorio / Guna
Es nuestro deber como pueblo originario seguir luchando por el cuidado de nuestra casa común, ese hogar en el que habitamos, ese espacio que la madre tierra nos ha dado para existir.

Además afirma que, “hemos hecho todo y seguimos trabajando en ello, cuidar la madre tierra es vital porque de ella vivimos, en ella convivimos y gracias a ello tenemos nuestra casa donde habitamos, los indígenas debemos dar ese claro ejemplo de que podemos convivir cuidando nuestra casa común, el daño que estamos haciéndole a la madre tierra tarde o temprano ella nos lo va a devolver”.

Conclusiones

Como grupo, los pueblos indígenas consideran que es importante generar algunos cambios, pero como personas cada uno tiene un papel para poder sumar el ejemplo, cambiar es sin duda alguna etapa constructiva, si se quiere ver como un avance al progreso, pero tomar la decisión y asumir el reto de cambiar uno mismo sus acciones, es un signo, una luz que iluminará a los demás.

De acuerdo al lugar en el que vivimos, la tarea se ha de ejecutar (ciudad, selva, montaña, costa, río, etc.), dar el ejemplo supone una alternativa donde esa luz, ese signo sirva de vía de comunicación para un progreso social.

Las próximas guerras en el mundo van a ser causadas por la falta de agua. Cada vez nos damos cuenta de lo necesaria que es el agua. ¿Qué hemos pensado, qué hemos decidido sobre este regalo que nos ha dado Dios? ¿Cómo la cuidaremos, defenderemos y salvaremos?

En cuanto a la cultura que es la vida, ilusión, idioma, identidad para nuestros pueblos originarios, es preciso tomar en cuenta decisiones concretas para valorarla, y hacerla parte de la vida de cada pueblo originario, evitando que se pierdan las raíces culturales.

CUIDADO. El Arzobispo recalcó el compromiso como Iglesia de apoyar y aceptar en su cultura a los indígenas

La tierra es nuestra casa común sobre la que vivimos, actuamos  y amamos. Defenderla de los que la quieren desnuda y sedienta, es una tarea pendiente. En este sentido, la lucha contra la minería a cielo abierto es una tarea poder evitarla.

En Panamá, la divesidad cultural y la convivencia con los no indígenas supone una convivencia en hermandad, fraternidad con respeto, construir con ellos un país diferente en el que la corrupción sea castigada, la mentira sea perseguida y la honestidad sea premiada.

Artículo anterior

Una juventud viva en la Prelatura de Bocas del Toro

Siguiente artículo

Diaconado Permanente en Panamá: futuro, espiritualidad y servicio