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Dos respuestas al llamado de Dios

Dios los llama a servirle y ambos responden en distintos momentos; él a edad más temprana, y ella a través de un proceso que le llevó más años.

Betzaida Toulier U./Fotos Omar Montenegro

Con la misma ilusión y carga emocional, y sólo un día de por medio, Andrés Emilio Ampudia y Juana Francisca Ampudia, se consagraron a Dios a través de la vida religiosa.

El sábado 4 de septiembre, Andrés Emilio Ampudia, religioso agustino fue ordenado sacerdote en solemne ceremonia celebrada en el templo parroquial Nuestra Señora de Los Ángeles. Un día después, el domingo 5 de septiembre, Juana Francisca Ampudia, hace su profesión perpetua en el Monasterio de la Visitación. Tía y sobrino deciden entregarse a Dios totalmente.

Andrés Emilio Ampudia

POSTRACIÓN. Acto de humildad y entrega a los designios de Dios, en la ceremonia de Profesión Perpetua.

Desde sus estudios en el Colegio Javier, Andrés Emilio sintió el llamado. No se apresuró pero estaba atento hasta que se lo planteó. Fueron años de acompañamiento de sacerdotes y amigos. Entró al Seminario San Agustín y San José y el CTSA.

Desde antes se había involucrado en las actividades pastorales en la Parroquia de Cristo Rey y en la Parroquia San Francisco de la Caleta con el grupo EJE.

Y es que la semilla había sido plantada en su hogar. Su padre Andrés Ampudia fue muy descriptivo: “nos alegramos haber sembrado esa semilla que ahora dejamos en manos del Señor”. Y como reconocimiento a esa entrega, esa mañana de su ordenación Fray Andrés Emilio hizo dos actos de agradecimiento, primero a su padre entregándole una estola confesional morada y luego se fue a la cripta donde reposan los restos de su madre María  de los Ángeles Esquivel de Ampudia. Allí depositó el paño untado con el santo crisma. “Esto significa que el sacerdocio no es solo mío es también de ellos que me llevaron hasta aquí por sus enseñanzas”, dijo el nuevo presbítero.

El camino no es fácil, manifestó Andrés Emilio al enviar un mensaje a los jóvenes con inquietud vocacional. “Es una decisión para valientes, nada fácil, pero si les puedo decir que vale la pena”, afirmó.

Juana Francisca Ampudia

PERSEVERAR. La hermana Juana Fracisca empezó su formación en el año 1996.

La historia de su formación vocacional comienza alrededor del año 1996. Unos cursos de Ascética y Mística con Monseñor Alejandro Vásquez Pinto en la Renovación Carismática Católica fue el inicio de un camino que no tendría vuelta atrás.

Hermana Juana Francisca inició su proceso vocacional en el 2007, entre alegrías, luchas y dificultades, ya que tuvo que salir del monasterio varias veces por situaciones familiares.

El 7 de octubre de ese año, quiso el Señor traerla por tercera vez a esta Santa Casa, y así reanuda definitivamente su proceso de formación en este Monasterio donde, por su gracia y gran amor, el 5 de septiembre de 2021, felizmente se consagra para siempre.

Ese domingo, en la puerta de la reja de clausura, su madre y su hijo, así como sus familiares hicieron la entrega definitiva, mientras tanto la comunidad del monasterio de la Visitación le acogió fraternalmente, y la Madre superiora la coronó de flores.

La Hermana Juana Francisca, anteriormente conocida como Mayra Ampudia, lleva este nombre en honor a nuestra Santa Fundadora Juana Francisca de Chantal, que fue una santa esposa, madre, viuda y religiosa.

Ordenación presbiteral

GESTO. La Imposición de manos y oración consacratoria. Que es el momento central del sacramento.

Fue en el Templo Nuestra Señora de Los Ángeles. Familiares y amigos, y hermanos agustinos le acompañaron en esta trascendental decisión en su vida. El Arzobispo de Panamá, también de la Orden San Agustín, presidió la solemne ceremonia de ordenación.

Una celebración enmarcada en una devoción mariana, muy especial para la Orden San Agustín, Nuestra Señora de la Consolación y Correa, que como señaló Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta hace referencia al hábito agustiniano. “El origen de esta devoción se halla íntimamente ligado a la vida de San Agustín, sintetizada en una piadosa tradición”, explicó.

Dirigiéndose al ordenando por su propio nombre Monseñor Ulloa dijo: “Hoy la Iglesia acoge la llamada que te ha hecho el Señor para que seas sacerdote del Pueblo Santo de Dios”, y seguidamente a manera de consejo, le recordó que el objetivo de todo carisma y ministerio en la Iglesia es, como dice San Pablo: “la edificación del Cuerpo de Cristo”, que es la Iglesia”.

Asimismo, le dijo, “A partir de hoy, serás un cristiano que, habiéndose consagrado por completo al seguimiento de Cristo, según el carisma agustiniano, eres enviado por el Señor y por la Iglesia para servir a nuestros hermanos, en el ministerio sacerdotal”.

Las palabras del Arzobispo fueron directa, le advirtió que “allá donde seas enviado, sea cual sea la misión que se te confíe, no olvides que tu cometido es alentar la historia de la salvación, desde la comunión eclesial.

Monseñor Ulloa aprovechó el momento para señalar que ciertamente la ordenación de un sacerdote es motivo de alegría y esperanza, pero los sacerdotes no surgen de la nada, sino que dependen  mucho de la educación recibida en el hogar. A fin de cuentas –dijo- “la única manera segura de incrementar las vocaciones al sacerdocio es cultivar familias unidas y santas”.

Votos Perpetuos

EMOCIÓN. La familia de Sor Juan Francisca comparte la alegría de esta mujer consagrada a Dios.

Juana Francisca: “¿Qué pides a Dios y a su Santa Iglesia?”. Ella respondió: “Pido humildemente ser admitida a la Profesión en esta familia de Hermanas Visitandinas, para seguir con fidelidad, hasta la muerte, a Cristo pobre y crucificado, y entregar mi vida en alabanza de Dios para bien de la Iglesia y la salvación del mundo”. 

Así empezó la ceremonia de Profesión de Votos Perpetuos presidida por Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, en el convento de la Visitación, acompañado de los sacerdotes con celebrantes, ante la presencia de familiares y amigos de la Hermana Mayra Ampudia, ahora con el nombre de Juana Francisca.  

Monseñor destacó en su homilía el carisma de las monjas de clausura, que son como “pararrayos” de la Iglesia, también hizo una reseña de la historia de la vocación de la hna. Juana Francisca.

La ceremonia prosiguió con la oración de la Iglesia militante y triunfante por medio de las letanías de los santos, y la profesión de los tres consejos evangélicos castidad, pobreza y obediencia en manos de la superiora del Monasterio, madre María Isabel Arrocha. Esta fórmula de profesión fue firmada por la Hermana y el arzobispo sobre el altar, a partir de este día portará el velo negro signo de su entrega total a Cristo Esposo.

Todos quedaron llenos de la unción del Espíritu Santo y la Comunidad del Monasterio de la Visitación se llenó de gozo con la profesión perpetua de la Hermana Juana Francisca.

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