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Solidaridad y fraternidad

José-Román Flecha Andrés

Desde hace más de sesenta años, la organización “Manos Unidas” nos lanza cada mes de febrero una llamada que es al mismo tiempo, grito y despertador, sugerencia y llamada, petición y esperanza.

Por si todavía no se sabe, “Manos Unidas” es la ONG de desarrollo de la Iglesia Católica. Con una dedicación ejemplar nos ayuda a descubrir nuestra responsabilidad en la marcha del mundo. Y apoya a los pueblos del Sur a pensar, promover y gestionar su propio desarrollo.

El papa San Pablo VI nos enseñó que el progreso solo será verdadero cuando sea integral, es decir cuando alcance a todo el hombre y a todos los hombres. Esa es la única forma de superar el dualismo antropológico que piensa en bienes materiales y excluye los espirituales, o viceversa. Y es la forma de excluir el otro dualismo social que mira los índices del crecimiento económico o cultural de algunas personas, mientras ignora a millones de habitantes del ancho mundo.

Llamado de Manos Unidas:  Es urgente. “Contagia solidaridad para acabar con el hambre” contagia solidaridad para acabar con el hambre.

La doble fórmula mágica para evitar esas polarizaciones es el binomio de la integralidad y la solidaridad. En la reciente encíclica Fratelli tutti, el papa Francisco menciona más de una docena de veces esa dimensión y vocación integral del ser humano. Las referencias a la solidaridad superan las dos docenas.

La campaña de “Manos Unidas” nos ofrece la imagen de un niño que abre los brazos y grita de alegría para recibir las aguas de una cascada de esperanza. Y junto a la imagen, el lema que nos sugiere que es posible seguir soñando.

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