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Las tres columnas que le dan pleno sentido a la Cuaresma

Oración, limosna y ayuno no son solo tres conceptos rígidos, se trata de caminos que le dan toda su dimensión a este tiempo hermoso.

Eduardo Soto P.

“Ninguna Cuaresma es igual a otra”, dice el arzobispo José Domingo Ulloa Mendieta, quien agrega: “es fácil caer en la tentación de creer que todo se repite, que es más de lo mismo, pero no es así; cada una trae su propia realidad, su ‘canaunada’ que la hace plena y sin igual”.

Lo que sí son líneas rectoras –abona Monseñor– son los tres pilares que sostienen este Tiempo:  oración, limosna y ayuno”, que son como caminos paralelos que, aunque parece que nos tocan, nos llevan a un mismo destino: la Pascua.

Ahora bien, estas actitudes y acciones, ¿son un fin en sí mismas? Monseñor nos indica que no, que son más bien recursos, herramientas, para la conversión personal y la renovación.

INTIMIDAD. La oración nos pone en contacto con el mundo espiritual.

La oración: mirar arriba 

La oración “apunta hacia Dios”, expresa monseñor Ulloa, quien explica que “empieza en la escucha de su Palabra, continúa en una relación personal y familiar con Dios, y acaba en el gesto de hacerle un espacio en nuestra vida”.

Durante este tiempo de Cuaresma, las parroquias aumentan sus iniciativas que nos pueden ayudar a rezar, como por ejemplo: diversos ejercicios espirituales, adoraciones frente al Santísimo, charlas cuaresmales, y retiros.

El arzobispo explicó que en abono a este pilar les ha pedido a los párrocos (son casi 100 en toda la Arquidiócesis), que dediquen tiempo especial para el sacramento de la reconciliación durante esta Cuaresma.

“Como pastor de esta Iglesia Arquidiocesana, los invitó a cada uno en esta Cuaresma a atravesar la puerta santa del confesionario, hospital de las heridas espirituales, que alivia tu carga y deja ahí todo aquello que te aleja de Dios, que te separa del perdón, de la reconciliación y de experimentar el amor misericordioso del Padre, quien por amor envió a su Único hijo, Jesucristo, quien murió en la cruz para la remisión de nuestros pecados y ganarnos la vida eterna”, indicó el arzobispo en la homilía del miércoles de ceniza.

Valores
Podemos aprovechar este tiempo fuerte para resaltar estos valores:
  • La familia: es bueno que tanto los papás, como los hijos y los abuelos, se reencuentren con sus lazos de cariño, en torno a la figura de Cristo.
  • Tradiciones: No podemos saber quiénes somos sin recordar de dónde venimos. Hacer ver a los niños la importancia de nuestros ritos y creencias religiosas más importantes.
  • Humildad: Jesús se sobrepuso a todos sus miedos y enfrentó su misión. Tomar esto como modelo para la vida de cada cual.

ABSTENERSE. No se trata de privarse de un alimento específico; el ayuno implica negarnos aquello que más nos da placer, que más nos agrada, por el bien mío y de los demás.

La limosna: mirar al otro

Monseñor José Domingo indica que el otro pilar es el de la caridad, que no es más que poner atención a las necesidades de quienes nos rodean.

 El arzobispo subrayó: “La limosna apunta hacia los demás, hacia los que tienen menos o son, en el sentido que sea, más débiles que nosotros. Se puede concretar económicamente ayudando a los pobres, y se dirige con tanta o mayor urgencia hacia los necesitados personal, familiar o socialmente”.

Los cristianos llamamos “limosna” al compartir con los mas pobres nuestros bienes. No debe ser un aporte de lo que sobra sino un acto de amor hecho de corazón, un compartir que nos mueve a renunciar y al sacrificio. Todo viene de Dios como don.

COMUNIDAD. Aunque es un asunto personal, no es bueno hacer el camino solo. Busca apoyo en la comunidad.

El ayuno: mirar hacia adentro

Monseñor señala que “el ayuno mira hacia nosotros mismos, hacia la renuncia al exceso, al consumismo.

Y agregó: “ayunar también de alimentos para que nos demos cuenta lo que sienten más de 40 millones de personas que padecen hambre.  Para que entendamos mejor a los 1, 200 millones de seres humanos que sobreviven con menos de 12 dólares diarios. Para que podamos entender que, en Panamá, el que algunos llaman el país del bienestar y el progreso, existen 400 mil personas en inseguridad alimentaria”. 

“Si nuestro ayuno, nuestra oración y nuestra limosna no nacen de ese dolor, no serán completamente auténticos y sinceros.  Aprovechemos, pues, estas semanas para que la gracia de Dios se haga presente en nuestra vida, para que iniciemos un verdadero cambio de vida, confiando en la bondad y misericordia de Dios”, añadió el pastor de la Iglesia arquidiocesana.

Finalmente, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta insistió en que ayunemos de tanto uso de celular. “Algunos nos hemos convertido en verdaderos adictos de las redes sociales y la internet”, dijo, y añadió: aprovechemos esta Cuaresma para liberarnos un poco de esas cadenas terribles.

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